Inusual.

Te veo, estas sufriendo. Estoy sufriendo por vos. Tenes miedo, dolor y mucha ira. Tus ojos están prendidos como el fuego en una caverna vacía. Pero, si supieran… si te conocieran como yo, en tus buenos días: amor y nada más. Te levantas, compones un par de versos, te volves a dormir, posiblemente por el analgésico que tomas para calmar las voces o, posiblemente, porque te lo salteaste y la noche es tu enemiga. ¡Qué difícil estar enfermo sin tener síntomas visibles! Más difícil aún, vivir así. Tengo miedo, de que algún día decidas terminar esto… Miedo de que lastimes a quien te parezca oportuno en un ataque de frenesí, esos que te dan cada una o dos semanas, en los cuales no paras, seguís viviendo en tu realidad: tu campo de batalla… y te duele. Ese dolor, el más difícil, el que le queres demostrar que sos más fuerte, que con vos no va a poder. Pero puede, de hecho, te maneja la cabeza y tu actuar. Que distinto sería esto, que distinto seríamos nosotros… que quebrados que estamos… ¿Qué puedo hacer más que esperar? Ahí venís devuelta… Seguís sufriendo.

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El Mar.

¿Qué cosa profunda el mar, no? Estuve unos días en Santa Teresita, no fue una de las mejores playas que visite, sin embargo él… siempre tan asombroso. De día es un lugar seguro para pasar un buen rato, si es que el día esta soleado, por supuesto. De noche es el apogeo de muchas pesadillas e incertidumbres. Un poco me recuerda a la personalidad de mucha gente, agradable a veces, incontrolable otras (por gente me refiero a mí). Quizás es eso, quizás es eso lo que me llama y atrae del mar, su parecido en mi: días extremadamente calmos, días extremadamente furiosos pero ¿no somos todos así acaso?